Hace un rato me encontraba sentado en mi auto en la calle Suipacha entre Arroyo y Juncal. Me encontraba con la ventanilla cerrada, distraído en mis pensamientos, como de la nada aparecieron en mi ventana dos personas, de unos 50 años de edad cada una, vestidos como en blanco y negro. Una mujer y un hombre, todo en ellos era gris, su pelo, su ropa, sus miradas. Noto que el hombre me hablaba pero no lograba escucharlo, así que baje la ventanilla, se encontraban de la mano, el hombre llevaba barba gris y el pelo atado en la nuca en un rodete y ella tenia el pelo largo casi hasta la cintura de color gris cargado de canas, parecía ceniza. Rápidamente pensé que no se ven mujeres de esa edad con el pelo así, es decir que todas se tiñen. Hablaban los dos mecánicamente y juntos, pero le preste atención al señor (ella asentía con la cabeza y su voz parecía un eco de lo que estaba escuchando), me pidió ayuda de una manera muy particular por eso lo transcribo textualmente: “Nos puede ayudar, mi hermana y yo estamos en la calle, con cualquier cosa, plata, ropa, comida, alojamiento” realmente me sorprendió sin nada de eso disponible, solo una pila de problemas que rondaban mi cabeza y le conteste, que me disculpara pero que no tenía nada, y el agregó “y un cheque del Banco de la Ilusión”
El Guardián
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